6. Paradoja de la Gallina o el Huevo

El vuelo duró poco más de un par de horas, hasta que, finalmente aterrizamos en el  concurrido Aeropuerto Internacional de Atatürk.

Bajamos del avión y nos metieron a los cuatro en un todoterreno Toyota Negro. Allí, pude comprobar que el estado físico de los cuatro había mejorado sensiblemente, aunque Mario y Axel presentaban todavía un estado delicado.

Nuestro todoterreno formaba parte de un nuevo convoy que arrancó camino a la ciudad, dirigiéndonos hacia el estrecho de Bósforo. En apenas una hora, estaríamos en las puertas del Museo Arqueológico de Estambul. Durante el viaje en coche, por fin, pudimos retomar nuestra conversación con Mario.

  • ¿Sabéis que quiere esta gente de nosotros? ¿qué está pasando?-pregunté.
  • Esto cada vez se está saliendo más de madre, Mario ¿Qué está pasando? ¿Qué ponía en ese pergamino?-inquirió Alex.

Un Mario todavía debilitado, se le veía sobrepasado por la situación.

  • El pergamino… – comenzó a decir un titubeante Mario- sólo contenía un dibujo, un pasaje de la Biblia.
  • ¿De la Biblia? –pregunté ¿qué pasaje?
  • Era un dibujo de Adán y Eva, el momento que Eva ofrece la manzana a Adán en presencia de Satanás.
  • ¿Satanás? ¿con forma de serpiente?- preguntó Axel.
  • Así es, contestó Mario.
  • Serpiente como la del brazalete que se te rompió y la imagen del posavasos- sentencié.
  • ¿Pero qué tiene que ver todo eso con nosotros? –preguntó Alex, sin obtener ninguna respuesta.
  • Creo que nos hemos colado en una fiesta a la que no nos han invitado y no deberíamos haber entrado- opiné.

Situado en los jardines externos del palacio de Tophapi, bastante cerca de  Santa Sofía y del Parque Gülhane, el museo se erguía imperialmente delante de nosotros, esperando a desvelarnos todo aquel misterio que nos había guiado en los últimos días y había determinado la suerte fatal de nuestro amigo Flavio.

Entramos al mismo, siguiendo a Darya, al sacerdote y al Imam y siendo flanqueados por varios soldados armados.

Atravesamos rápidamente varias salas del museo que parecían algo desdeñadas y con ambiente bastante lúgubre, pero en alguna de ellas pude apreciar de manera fugaz tanto el Sarcófago de Alejandro como la Puerta Babilónica de Istar, impresionantes ambos.

Salimos del museo por una puerta trasera, y llegamos a una zona de escaleras que nos llevaron a una zona de oficinas y al final del todo a una gran sala de reuniones.

Allí nos sentaron a los cuatro, y enfrente de nosotros se sentaron Darya, el sacerdote, el Imam y un rabino se había unido a esta reunión tan heterodoxa como surrealista.

  • Aunque alguno de ustedes ya me conoce, por la travesía en el desierto, permítanme que me presente. Me llamo Darya Solak, soy responsable del departamento de investigación del Museo Arqueológico de Estambul. A mi lado se encuentran proveniente del Vaticano el monseñor Salvattori, en segundo lugar y proveniente de Jerusalén y representando la sociedad judía haredi les presento al rabino Amiasaf Ducovsky y por último tras un largo viaje desde Rabat el Imam Mohamed Maalouf.
  • Encantados, ¿nos pueden por favor explicar que hacemos aquí?-preguntó Alex.
  • Lamentamos profundamente las últimas horas que han vivido- comenzó a hablar el monseñor Salvattori- pero tienen que ser conscientes que se han visto envueltos en una guerra que surgió hace miles de años y precisamos de su ayuda para volver a poner la balanza a nuestro favor.
  • ¿Cómo? No entiendo ¿una guerra? – volvió a preguntar Alex.
  • Si mis colegas me lo permiten – prosiguió el monseñor Salvattori-, les pasaré a explicar la situación desde mi punto de vista, el punto de vista católico, teniendo en cuenta que ustedes proceden de un país que siempre se ha caracterizado por su ferviente fe católica.

Miramos al rabino y al Imam y ambos asistieron a la propuesta realizada por el Monseñor.

  • Entiendo que en algún momento de sus vidas, habrán leído la Biblia o al menos sabrán de lo que les hablo, si les menciono el Génesis.
  • Sí señor, conocemos el Génesis. La creación del mundo en siete días,  Adán y Eva… -contesté mirando a Mario recordando lo que nos había comentado en el coche-.
  • Efectivamente, Adán y Eva, el origen de la vida, esa es la cuestión. Deben saber que Adán y Eva, según las creencias judía, cristiana y musulmana fueron los primeros seres humanos (hombre y mujer) que poblaron la Tierra. Fueron hechos por Dios (Yahvé en el judaísmo y Alá en el islamismo) en el sexto día de la creación. Según la Biblia y el Corán, Adán fue creado primero, y Dios, al verlo solo, decidió que necesitaba una compañera que fue creada partiendo de una costilla.
  • Deben destacar que la existencia de Adán y Eva, coincide en las tres corrientes religiosas que representamos en esta sala- puntualizó el Imam.

El monseñor Salvattori nos puso encima de la mesa una Biblia y nos pidió que leyéramos un paraje de la misma. Ese paraje trataba cómo Dios puso a Adán en el Jardín del Edén, y para probar su fidelidad y obediencia le dio el mandato de comer de todos los frutos del árbol del huerto, excepto uno, llamado árbol de la ciencia del bien y del mal, indicándole a Adán que si comía sus frutos, iba a morir, pero no le prohibió comer del árbol de la vida. La serpiente (Satanás) se aprovechó de esta única regla, y así tentó y engañó a Eva; la cual comió del fruto prohibido. Eva, viendo que era “bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y realmente un árbol codiciable para alcanzar la sabiduría”, le dio también a comer a su marido. Dios dijo: “El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, lo coma y viva para siempre.”. Esta falta de obediencia les acarreó la expulsión del Paraíso. Expulsión en la que Dios les castigó con la muerte, el dolor, la vergüenza y el trabajo: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.

  • Discúlpeme pero no entiendo a dónde queremos llegar con todo esto – pregunté.
  • Verán – retomó el monseñor Salvattori- tanto en la Biblia como en el Corán, se dan datos precisos de ciertos detalles que llaman la atención, como la edad a la que murió Adán.
  • Novecientos treinta años – puntualizó el Imam.
  • Efectivamente – prosiguió el monseñor- sin embargo en los escritos también llama la atención la poca precisión acerca de a qué árbol procedía la fruta que comió Eva. ¿Del árbol de la vida o del árbol del bien y del mal?
  • Cuando Yahvé da el mandato de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal bajo pena de muerte sólo se lo da al hombre, pues aún no ha creado a la mujer –matizó el rabino que habló por primera vez en la reunión.
  • Efectivamente, por ello posteriormente Eva al no haber estado presente ante esa prohibición y engañada por la serpiente, piensa que si come de ese árbol viviría eternamente, confundiendo el árbol de la vida con el de la ciencia del bien y del mal, creando el dolor y la muerte en el ser humano. 

Los cuatro nos miramos perplejos sin entender muy bien la situación

  • Discúlpenos pero seguimos sin entender qué pintamos en todo esto – comenté.
  • Permítanme señores que prosiga la conversación desde un lado más científico – sugirió Darya. Actualmente, diversos estudios han averiguado que en la genealogía de la evolución humana habría existido un antepasado común masculino y uno femenino; a los cuales se les nombró como sus símiles religiosos. Adán y Eva.
  • ¿Cómo el cromosoma X  y el cromosoma Y? –preguntó Alex.
  • Exacto- prosiguió Darya.  El análisis realizado por científicos daba a entender que el estudio de la secuencia de ADN de varios organismos mostraban que, por un lado, todas las líneas genéticas maternas convergían en un mismo ancestro y de igual manera ocurría por el lado genético paterno.
  • ¿Y cómo encaja la costilla de Adán en este análisis científico? –pregunté de manera jocosa.
  • Un posible error de traducción de la Biblia Hebrea – prosiguió Darya- recientes descubrimientos arqueológicos nos han dado a entender que el cromosoma femenino surgió bastante antes que el cromosoma masculino, pero sólo cuando un individuo con el cromosoma de Adán se apareó con un individuo con el cromosoma de Eva, apareció el ser humano con el raciocinio que conocemos a día de hoy, el homo sapiens. Por ello, según investigadores de la Universidad Johns Hopkins, los primeros judíos se percatarían de la diferencia en el esqueleto de otros mamíferos (que les faltaría uno de los dos cromosomas anteriormente comentados) con los de los seres humanos (que sí que tienen el cromosoma de Adán y el de Eva). Para explicar la ausencia del hueso báculo, habría surgido la creencia de que al hombre le falta un hueso porque el Dios Yahvé se lo quitó al primer varón humano (Adán) para crear a la primera hembra humana (Eva) quedando ello registrado en el libro del Génesis de la Biblia Hebrea. Errores de traducción posteriores podrían haber pervertido la expresión “tzela”, palabra polisémica que, además de pilar, viga o soporte de una estructura significa “costilla”.

Tomó la palabra el monseñor Salvattori.

  • Bien, desde un punto de vista de cualquiera de las tres religiones presentes o del científico, sabemos de la existencia de esos frutos de vida puros, o cromosomas ancestrales como los llama la señorita Solak.
  • Con el paso de los años, la evolución cromosomática del ser humano ha ido evolucionando –puntualizó Darya- y alejándose del patrón original, lo que ha provocado que el ser humano haya ido reduciendo su esperanza de vida de los novecientos treinta años que los escritos narraban hasta los ochenta años de vida de media, hoy día. Aunque los avances médicos están consiguiendo que poco a poco el ser humano vuelva a vivir más años, los científicos están muy lejos de que la cadena de ADN del ser humano actual vuelva a aproximarse a los cromosomas ancestrales.
  • Esos cromosomas son los frutos del árbol de la vida, reseñó el rabino.
  • ¿Nos están queriendo decir que realmente esos cromosomas originales existen?

Darya se levantó de su asiento, para acercarnos unas fotografías de lo que parecían diversas expediciones arqueológicas.

  • Tienen ante ustedes muestras fotográficas del descubrimiento arqueológico y religioso más importante de nuestra era. En Yabrud, al norte de Damasco, se encontraron en 1903 un conjunto de fósiles y huesos que en su momento no se dieron mayor importancia y fueron llevados aquí al Museo Arqueológico de Estambul. Posteriormente en 2002 y realizando análisis rutinarios de algunas muestras de esa expedición, se descubrió que varias muestras de sujetos distintos tenían coincidencias del 100% en su secuencia de ADN.
  • Estamos hablando de más de veinte sujetos distintos, puntualizo el monseñor Salvattori.
  • Ante nuestra sorpresa, conseguimos identificar dos cromosomas que se salían de la cadena de ADN que teníamos conocimiento en ese momento. Eran como dos piezas que no encajaban en el puzle – recordaba Darya- .
  •  ¿Los cromosomas de Adán y Eva?- pregunté.
  • Así es – contestó Darya asintiendo – Una vez aislados esos dos cromosomas procedimos a realizar posteriores estudios hasta que en 2014 llegamos a una conclusión relevadora. Se podían incorporar esos cromosomas a otros sujetos vivos y esos cromosomas se adaptaban a la cadena de ADN del sujeto pero poco a poco la cadena de ADN se iba modificando a parámetros similares a los de los cromosomas introducidos.
  • ¿Quieres decir que…? – comenzó a preguntar Alex.
  • Quiero decir – continuó Darya – que a los animales vivos que se les incorporó esos cromosomas en pocas semanas se habían recuperado de todas las deficiencias de salud que tenían, incluyendo cáncer, ceguera, regeneración de partes amputadas…Poco a poco esos sujetos se iban pareciendo más entre sí dejando atrás cualquier deficiencia o enfermedad que tuvieran por separado.
  • ¿Se convertían en inmortales? – pregunté asombrado.
  • Creemos que no – puntualizó Darya – los sujetos presentaban síntomas de envejecimiento pero mucho más ralentizados que si los comparábamos con otros sujetos a los que no se les había incorporado los cromosomas ancestrales.
  • …y adicionalmente está el punto clave del Jardín del Edén –señaló el monseñor Salvattori.
  • ¿El Jardín del Edén? –pregunté
  • Sí, verán- comentó Darya- de todos es sabido que dependiendo la zona geográfica, los rasgos genéticos tienen ciertas características autóctonas debido a la aclimatación del ser humano, a las condiciones climáticas donde viva. De ahí las diferencias en la pigmentación de la piel, altura, rasgos faciales, etc…. Pues bien, descubrimos que dependiendo la zona geográfica donde se halle el sujeto con los cromosomas ancestrales, la reacción de dichos cromosomas en la cadena de ADN es distinta, pudiendo acelerar los procesos regenerativos o por el contrario acelerar el envejecimiento.
  • Es decir- comencé a decir- que puede haber un lugar de la Tierra donde un sujeto que tenga los cromosomas de Adán y Eva puede llegar a vivir para siempre o por el contrario morir al instante…
  • Y ese lugar es el Jardín del Edén – matizó el monseñor Salvattori- donde se encuentran el árbol de la vida y el árbol del bien y del mal, también llamado el de la muerte, que fue el que comió Eva.

Nos dejaron unos instantes para poder procesar toda la información que nos acaban de suministrar durante los últimos minutos.

  • Entonces, si resumimos – comenzó a hablar Axel – ustedes han hallado unos cromosomas que manipulándolos genéticamente pueden incorporarlos a un ser humano y modificar su cadena de ADN creando beneficios o perjuicios para su organismo dependiendo de dónde esté localizado.
  • Así es- respondió Darya
  • ¿Esto no es contrario a las creencias religiosas? – preguntó Mario que por primera vez intervino en la conversación – todo esto se me asemeja más a la Teoría de la Evolución de Darwin más que a la existencia de un Dios.
  • Esto es precisamente todo lo contrario joven- murmuró el rabino Ducovsky- con estos cromosomas se demuestra perfectamente la existencia de Yahvé, ya que estos cromosomas no se crearon a partir de la evolución de una especie, sino que marcaron un antes y un después. Antes de su existencia el ser humano era un animal más, pero una vez que aparecieron por arte divino, el ser humano comenzó a tener raciocinio y consciencia.
  • Estos cromosomas ancestrales concedieron al ser humano el alma, matizó el monseñor Salvattori.
  • Mira! Por fin ya sé entonces que fue la gallina antes que el huevo- comentó jocosamente Axel, sin obtener el resultado deseado a su broma por parte de nuestros anfitriones.

Sinceramente, nos sentíamos desconcertados y abrumados con esta conversación y seguíamos sin saber cuál era nuestro papel en esa situación. Y viendo la expresión de nuestros interlocutores, parecía que ellos veían imprescindible nuestra presencia. La paciencia y los detalles de las explicaciones facilitadas así lo demostraban. Con las palabras del rabino mi cabeza viajó de vuelta a Madrid, se me vino la cabeza una imagen que siempre me había parecido curiosa y ahora, más que nunca, se antojaba con toda su ironía. Aquel Jardín del Eden representado por esqueletos de Adán y Eva y que estaba situado en el museo de Ciencias Naturales recobraba para mí un sentido totalmente distinto hasta al que ahora lo había mirado.

  • Y cuéntenos por favor- me dirigí al monseñor Salvattori – intentando hacer olvidar la broma de Axel- acerca de ese Jardín del Edén… ¿saben dónde está?
  • No exactamente – contestó el monseñor- en la Biblia se indica que el jardín de Edén habría existido al este de la región también llamada Edén, una región que se hallaría en el Cercano Oriente. Igualmente se dice en el Génesis, “un río salía del Edén para regar el jardín, y desde allí se dividía, y se convertía en cuatro cabezas, llamados: río Pisón, que se dice, rodeó toda la tierra de Havila (Arabia); el río Gihón, que habría rodeado toda la tierra de Cus (Etiopía); el río Hidekel (río Tigris); que iría al oriente de Asiria; y el río Éufrates.
  • Algunos estudiosos – apuntó Darya- piensan que un río hoy llamado Karun, que nace en Irán y fluye hacia el Golfo Pérsico, es el Gihón y que un lecho seco en el desierto de Arabia Saudí contuvo en su tiempo las aguas del Pisón. Por ello muchos estudiosos sostienen que, el Edén se hallaba situado en la confluencia de los cuatro ríos en la región del Golfo Pérsico. Está era un área que hace unos 32.000 años gozó de un clima saludable, pero que en el 15.000 a.C. se volvió árida, obligando a emigrar a los pastores y nómadas que allí vivían.
  • Y ustedes saben que el Jardín no está allí ¿verdad? – pregunté.
  • Realmente no tenemos certeza absoluta de dónde está situado – pero tenemos una especie de mapa.
  • ¿Un mapa? –repetí.
  • Permítanme que les instruya un poco en historia- comenzó a decir el rabino Ducovsky mientras se ponía de pie-. En lo que para ustedes los cristianos consideran el año 553 d.C. se celebró aquí en Estambul,  el II Concilio de Constantinopla. Sin querer aburrirles mucho, les resumiré que en dicho Concilio se llegó a condenar la existencia del nestorianismo, es decir se negaba la doctrina hasta entonces existente que consideraba a Cristo radicalmente separado en dos naturalezas completamente distintas, una humana y una divina.
  • Lo que sucedió realmente en aquel Concilio – pasó a apuntar el monseñor Salvattori- es que se negó que la esencia de Cristo pudiera estar separado en dos cuerpos distintos.
  • El cromosoma de Adán y el cromosoma de Eva – balbuceé
  • Exacto- señaló el monseñor, tenemos escritos no oficiales donde se relata como en aquel Concilio ya conocían la posible existencia de dos cuerpos que unidos pudieran crear la esencia de Cristo, dar el alma y acercarle a Dios. Sin saber de cromosomas o estudios genéticos por aquel entonces y llegando a pensar que el mundo no estaba preparado para conocer o entender aquello, decidieron ocultarlo.
  • No me extraña que pensaran eso- murmuró Axel-yo sigo sin entenderlo todavía.
  • Y en aquel Concilio, ¿sabían dónde se encontraba el Edén? –pregunté.
  • Eso parece – prosiguió el monseñor- tenemos pruebas que muestran que el emperador Justiniano I había encontrado una zona subterránea en donde al ir a explorarla, las expediciones que duraban años y regresaban a Constantinopla seguían igual de jóvenes que cuando marchaban.
  • Yo siempre había escuchado que los hombres primitivos vivían en cavernas…quizás estaban intentando volver al Edén…murmuró en voz baja Alex intentando que sus interlocutores no le oyeran por si pudieran llegar a dudar de la conveniencia de su estancia en esa reunión.
  • Pero… -empecé a preguntar- ¿cómo no envejecían si no tenían los dos cromosomas ancestrales?
  • Al igual que si posees los dos cromosomas ancestrales pero no estás en el Eden tienes efectos evidentes de no envejecimiento, suponemos que al revés pasará exactamente lo mismo. El efecto pleno se consigue cuando juntas los dos cromosomas ancestrales en el lugar correcto – contestó Darya.
  • Es decir-proseguí-encontraron una cara de la moneda e intuían que faltaba algo más por encontrar, por eso procedieron a negar cualquier tipo de afirmación al respecto ¿no?
  • No sabemos la razón concreta, pero el caso es que el emperador Justiniano I,  decidió esconder aquel lugar místico y borrarlo de la Historia de la Humanidad. Mandó construir un Portón con una cerradura que solamente pudiera ser abierta con tres llaves distintas que fueran accionadas a la vez.
  • Esas tres llaves distintas fueron entregadas a los líderes de las tres principales corrientes religiosas de Occidente para asegurarse que nunca podrían ser reunidas nuevamente. Adicionalmente a esas llaves se les entregó un pergamino con información parcial acerca del lugar de la puerta.
  • ¿Un pergamino? –exclamé- ¿las llaves tenían forma de brazalete? Exclamé mirando a Mario.
  • Exactamente señor, las llaves eran un conjunto de collar y dos brazaletes con forma de serpientes, que juntos  hacían honor a Azhi Dahaka o Zahhak también conocida como la Gran Serpiente de tres cabezas y seis ojos.
  • Una serpiente guardando el jardín del Edén, es ingenioso -reconocí.

La mirada de vacío de nuestros interlocutores me hizo presagiar lo que había pasado con esas llaves, sabiendo ya que una de ellas, la de Mario había desaparecido

  • Entiendo que ya no tienen en su poder las tres llaves- me atreví a decir.
  • Así es- lamentó el rabino-en los últimos dieciocho meses hemos sufrido tres ataques minuciosamente preparados, que nos han arrebatado la esperanza. Comenzamos siendo nosotros los primeros en recibir el ataque. A principios del 2016, en Tel Aviv en la calle Dizengoff se produjo un tiroteo en plena calle. Aprovechando el terror y la confusión del momento, dos encapuchados entraron en un pequeño establecimiento de alimentación kosher. En el sótano de aquel establecimiento, encontraron una caja fuerte con una de las llaves (un brazalete) y un pergamino. Aquel establecimiento, pertenecía a la sociedad judía haredi a la que represento. Habíamos decidido guardar aquella reliquia en un lugar mundano, evitando captar posible atención sobre el mismo. Sigo sin entender, cómo llegaron a localizar el objeto.
  • Y recientemente – relató sollozando el Imam- el Estado Islámico, ha arrasado el sitio arqueológico asirio de Nimrud, en Irak, dónde teníamos escondido nuestra parte de la llave y del mapa.
  • ¿El estado Islámico? – comentó perplejo Alex.
  • Sí, esos mercenarios utilizan lo que ellos llaman la guerra santa, para hacer misiones arqueológicas buscando piezas concretas solicitadas por encargo.
  • La tercera llave no creo que haga falta que les explique quien la tiene y cómo la obtuvo – comentó a decir Darya- decidimos trasladar la última llave al Vaticano para que estuviera segura. Organizamos una exposición en Roma para poder llevar la llave sin dar explicaciones a los Gobiernos, pero allí los asaltantes causaron un incendio y aprovecharon para robar la llave y mandarla a su destino vía Madrid.

Ahora todo tenía más sentido, el secuestro de Mario, la muerte de Flavio…. todo estaba relacionado con el Edén.

  • ¿Por qué nuestros secuestradores nos arrojaron en Irán? –pregunté.
  • Suponemos al obtener la tercera llave en Madrid fueron a reunirla con las otras dos que ya obraban en su poder, al no serles de utilidad les arrojaron en medio del camino, en el desierto de Lut– contestó Darya-
  • ¿Cómo nos encontraron ustedes en el desierto? – interrumpió Mario.
  • Con esto –contesté a Mario sacando el posavasos que había recuperado de nuestro campamento en el desierto- tiene un localizador.
  • ¿Qué es eso? – preguntó Darya.
  • El localizador que me metiste en el bolsillo, mira tiene el dibujo del brazalete.
  • Eso no es mío – contestó Darya- mi localizador te lo puse detrás de la hebilla de tu cinturón – jamás había visto lo que nos estás mostrando.
  • ¿C…cómo que esto no es tuyo? –balbuceé- ¿entonces vosotros no…? ¿…Flavio? –mi cabeza estaba a punto de estallar desconcertado.
  • Déjenme por favor que continúe  – sugirió Darya – aunque sufrimos el robo en Roma, habíamos insertado un localizador escondido en el brazalete tras uno de los ojos de la serpiente. De esa manera llegamos a Madrid a la casa de su amigo Flavio, pero estábamos desconcertados porque no eran el grupo al que estábamos buscando, así que decidimos esperar unos días, vigilarles y saber más acerca de ustedes.
  • ¿Nos estuvieron investigando? –preguntó Mario.
  • Así es- prosiguió Darya – finalmente al ver que ese objeto había caído en sus manos y no tenían el resto de las piezas, decidimos recuperarlo, entramos en la casa de su amigo Flavio, pero allí ya no había nadie, tampoco el brazalete y alguien había localizado e inutilizado el localizador que le habíamos colocado. Seguimos buscando, hasta que les encontramos a ustedes en aquel local de Madrid. No pudimos evitar el secuestro de Mario, pero les pusimos el localizador ya que suponíamos que recibirían algún tipo de petición de intercambio de su amigo por el brazalete.
  • Supongo que entrarían a registrar la vivienda, cuando Flavio acudió al coleccionista privado a intentar comprarle el otro brazalete – comentó Mario.
  • ¿Coleccionista privado? ¿Su amigo Flavio sabía dónde se encontraba el otro brazalete? – preguntó el monseñor con un tono que indicaba tensión.
  • Eso me dijo sí…- contestó Mario.
  • ¿Dónde se encuentra su amigo ahora mismo? – inquirió el Imam.
  • Está…muerto –contesté recordando su cuerpo colgado junto a su asesino – por favor ¿saben quiénes han robado las tres llaves? Quizás así sepamos la identidad del asesino de nuestro amigo.
  • Lo sabemos – contestó Darya- y aquí es precisamente dónde entra usted en acción – me miró con sus ojos completamente negros de tal manera que no sabía cómo sentirme.
  • ¿Yo? – pregunté
  • Verán – retomó la palabra el rabino – en aquel II Concilio de Constantinopla no todo el mundo estuvo de acuerdo con la decisión tomada. Hubo un grupo, una logia, cuya intención era dar a conocer al mundo los descubrimientos que se habían hallado y la posibilidad de acercar físicamente a Dios a los creyentes. Justiniano I persiguió y condenó aquella corriente y a sus seguidores, pero sabemos por textos encontrados que no erradicó del todo ese movimiento. Durante años, y viviendo en la sombra hemos tenido controlados a una orden llamada a sí misma “Los Guardianes”, ellos mismos tienen la creencia de que su deber era custodiar la esencia dividida.
  • ¿Pero cómo podían custodiar algo que no poseían?– preguntó Axel.
  • Hasta ahora, esa custodia para ellos era en un plano de conocimiento. Era una logia que decidía generación tras generación qué miembros podían pertenecer en su organización para transmitirles su conocimiento acerca de la leyenda de las dos esencias divididas y del supuesto Jardín del Edén y seguir estudiando al respecto – siguió explicando el rabino- lamentablemente uno de Los Guardianes también pertenecía por puro azar al equipo que aisló y analizó los cromosomas ancestrales y robó una muestra.
  • Desde entonces –prosiguió el monseñor- el grupo se ha vuelto más violento- al descubrir lo real y tangible de las creencias de su logia, han comenzado una cruzada para poder encontrar el Edén, conquistarlo y decidir quién podría entrar al mismo.
  • P….pero si ya tienen las tres llaves y las tres partes del mapa ¿Cómo lo van a impedir? – volví a mirar a Darya – ¿cuál es mi papel en esta historia?
  • Aunque, en estos momentos, vamos un paso por detrás de Los Guardianes, sabemos que todavía no han encontrado el Edén. Por ello necesitamos de su ayuda.
  • La divina providencia ha querido que la última de las llaves, pasara por ustedes. Que usted, Mario, lo encontrara en aquella aduana y que su amigo acudiera en su rescate– mirándome a mí- él es nuestro comodín para volver a recuperar las tres llaves.
  • ¿Yo? –disculpen sigo sin entender –comenté desconcertado.
  • Sabemos quién es usted y sabemos de su pasado – comentó mirándome Darya mientras se levantaba y lanzaba a la mesa enfrente de mí un expediente.

Al abrir la primera página pude comprobar que efectivamente sabían todo sobre mí – Roi Balloch, treinta y tres años alias Roi Duncan -comenzó a desvelar Darya, nacionalidad española, padre escocés y madre de nacionalidad también española. A los diecisiete años fue detenido junto a su amigo Flavio Bassani por delitos contra la seguridad cibernética del Estado Francés. Mientras que su amigo Bassani retomó las riendas de su vida y aprovechó sus conocimientos informáticos en labrarse un futuro, usted llamó la atención de Europol, de la CIA y de nosotros por sus constantes actos de ego, asaltando y hackeando constantemente bases de datos y webs oficiales de varios estados europeos. Hasta que finalmente a los veintinueve años de edad fue condenado a seis años de cárcel por diversos delitos, siendo liberado hace catorce meses por buena conducta.

  • Eso es…pasado, yo ya no soy ese –comenté casi de manera inconsciente.
  • Su pasado es lo que está marcando su presente y marcará su futuro. Necesitamos de sus conocimientos Roi – me solicitó Darya- tenemos localizado un cruce de emails cifrados de Los Guardianes con archivos donde creemos, podemos encontrar indicios de los planes que tienen o, mejor aún, conocer dónde tienen guardadas las llaves y las partes del mapa que Los Guardianes han conseguido robar.   Nuestros especialistas están intentándolo hackear los correos y los archivos sin éxito,  no consiguen resolver el cifrado de las conversaciones de los correos electrónicos.
  •  Debe conseguir encontrar el cifrado que nos permita saber qué dicen esos correos y debe conseguir hackear los archivos para que podamos recuperar el Azda Dakara señor Duncan –me ordenó el rabino.
  • Entiendo que no tengo muchas alternativas – comenté.
  • Le rogamos señor Duncan- me contestó el monseñor – que nos ayude a evitar una crisis de dimensiones apocalípticas, precisamos de su ayuda.
  • En ese caso –respondí- necesito poder disponer de mis “herramientas”, las cuales las tengo en mi domicilio de Madrid.
  • No se preocupe – me respondió el Imam – ponemos a su disposición el avión que le ha traído a Estambul y la compañía y conocimiento de la señorita Solak.
  • No necesito niñera – contesté.
  • No vamos a dejar esta situación en manos ajenas señor Duncan –respondió Darya – éstas son las condiciones y no tiene opción a negociarlas.

En unos días PARADOXUS traerá novedades importantes para continuar leyendo esta historia.

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Capítulo 5. Paradoja del Valor

Abrí los ojos, y rápidamente miré si el impacto había tenido alguna consecuencia de gravedad en mí mismo. No lo parecía.

Aunque había conseguido abrir el segundo paracaídas, lo había hecho a apenas unos cientos de metros del suelo, lo que no consiguió frenar por completo el fuerte golpe que tuvimos contra las rocas, aunque al menos consiguió que pudiéramos sobrevivir. O al menos yo, ¿dónde estaba el resto del grupo?, al estar completamente desatado y con el impacto del golpe, salí unos metros volando cayendo sobre las duras rocas del desierto…siempre me había imaginado el desierto como en las películas, llena de arena fina dorada. Sin embargo, en el páramo dónde habíamos aterrizado distaba lejos de esa imagen.

A mi alrededor no había absolutamente nada, en el horizonte, muy a lo lejos, se intuía la silueta de unas montañas, pero en la planicie en la que estábamos, lo único que nos rodeaba era un suelo rugoso formado por pequeñas piedras de color oscuro, ni árboles, ni rocas grandes, ni animales, ni ruido…no había nada que superase nuestra altura ni que formara una pequeña sombra que nos pudiera dar cobijo bajo el sol abrasador que estaba empezando a elevarse en el cielo.

Seguí oteando a mi alrededor y vi a unos metros de distancia nuestro bote salvavidas, destrozado por el golpe. La caja se había abierto y de ella se podían ver algunos muebles antiguos, supuse que eran antigüedades con las que el asesino de Flavio estaba traficando.

Fui a levantarme, pero el calor del desierto no me puso las cosas fáciles, empezaba a ser abrasador. Era curioso, porque apenas sudaba, eso significaba que apenas había humedad en el ambiente, es decir estábamos muy lejos de cualquier lugar con agua…la sensación que tenía era semejante a estar en un horno.

Me arrastré como pude hasta la caja y vi a Mario tumbado a un lado, todavía inconsciente, pero colocado de manera intencionada en la pequeña sombra que daba la caja, la única sombra en las decenas de kilómetros que desde mi posición tenía a la vista.

Di un pequeño rodeo y al otro lado vi a Alex, que había recobrado el conocimiento intentando sacar de debajo de la caja a su hermano. Con el golpe, al parecer la caja se había dado completamente la vuelta, y Axel se había quedado atrapado todavía unido con el fuerte nudo al que se había atado antes de saltar, entre el ardiente suelo del desierto y el peso de la caja.

  • ¿Estáis bien? –pregunté
  • Corre!, busca algo para hacer palanca, no puedo sacar a mi hermano.
  • Joder, me está aplastando los pulmones no puedo respirar, murmuraba Axel.

Como pude, logré ponerme de pie. Me metí dentro de nuestra caja salvavidas rota y comencé a sacar todo lo que tenía dentro, básicamente utensilios de menaje y algunos muebles tales como sillas y aparadores y al fondo de la caja una majestuosa mesa auxiliar de estilo oriental antiguo, de color verde inglés y pintada con escenas de paisajes chinos.

Con las fuerzas que me quedaban, saqué todos los muebles de la caja para quitarle peso a Axel, y lanzando varias veces la mesa auxiliar contra las duras piedras del desierto, conseguí desmontar la antigüedad, transformando una bonita mesa de incalculable valor en una palanca que podría salvar la vida de mi amigo.

Utilizando la pata de la mesa, hicimos palanca entre la caja y el suelo y conseguimos poco a poco sacar a Axel de su prisión, evitando un empalamiento bajo un sol que por momentos iba siendo cada más ardiente.

Notaba que me empezaba a faltar el aire por el calor, por instantes creía perder la visión… y todavía el sol no había llegado a lo más alto.

Improvisamos una pequeña tienda de campaña dentro de la caja, con la ayuda de Alex, metimos a Mario y Axel dentro de la caja y con la ayuda de los paracaídas que fuimos recogiendo conseguimos una zona de mayor sombra.

Toda la comida y el agua que disponíamos en el avión habían desaparecido volando por los aires, no teníamos medio de transporte y por lo que habíamos visto desde lo alto del avión, estábamos a bastante distancia de cualquier población.

Mis ojos, semicerrados por la claridad del sol, miraban el interior de la caja y a los muebles que había ido sacando hacía unos minutos. Con sólo vender uno de esos muebles tendríamos agua suficiente para todos nosotros durante varios meses. Estos pensamientos me llevaron a recordar la famosa frase de Antonio Machado “todo necio confunde valor y precio” y tenía toda la razón, no había nada más útil para mí en estos momentos que una botella de agua, el valor de esa botella para mí era infinito pues, es la diferencia entre la vida y la muerte, pero ¿Cuánto dinero costaba una botella?, ¿un euro?, ¿cuántos euros me rodeaban entre todos esos muebles antiguos?, ¿cuántas botellas podría comprar para salvar mi vida y la de mis amigos?…y sin embargo, ahí estábamos rodeados de dinero pero estábamos a apenas unas horas de comenzar a fallecer por deshidratación…

Los tres estábamos tumbados en silencio junto a Mario, sin decir nada, creo que pensando lo mismo, en nuestra inminente muerte.

El ardiente sol hacía que la zona cubierta con millones de piedras incandescentes, proyectara un calor que iba en aumento. La deshidratación comenzaba a hacer mella rápidamente en nuestros cuerpos, el silencio absoluto nos rodeaba y el calor comenzaba a ser demasiado elevado para que pudiéramos soportarlo mucho más.

  • ¿Qué es eso?- murmuró Axel sin fuerzas- suena a un coche.

Alex y yo pusimos atención pero no escuchábamos nada, supusimos que se trataba de una alucinación de nuestro agonizante amigo, a quien los efectos de la deshidratación le estaba comenzando a hacer estragos en los labios y en la piel.

  • De verdad, joder oigo un coche ¿vienen a rematarnos? Qué detalle por su parte, aunque no hacía falta.

En esta ocasión, volví a prestar atención y escuché una especie de zumbido muy a lo lejos. Saqué fuerzas de flaqueza para incorporarme y salir de nuestra improvisada tienda de campaña. Me incorporé y pude mirar en la dirección de dónde provenía ese zumbido que cada vez iba incrementando su intensidad. Fue cuando vi una caravana de aproximadamente diez o doce todoterrenos acercándose a nosotros.

Nuestras fuerzas estaban desapareciendo. Si cómo decía Axel los secuaces de la voz siseante y metálica venían a rematarnos, no tardarían mucho en hacerlo…

Cuando llegaron a nuestro lado, pude contar hasta diez todoterrenos, de los cuales, bajaron varios sujetos ataviados con blusones de lino blanco hasta las rodillas sobre anchos pantalones y fulares, cubriéndoles la cabeza, quienes nos fueron recogiendo y metiendo por separado en distintos todoterrenos.

A algunos como a Mario y Axel, pude observar que les metían en todoterrenos que parecían ambulancias y les estaban poniendo oxígeno y alguna vía para inyectarles lo que esperaba que fuera algo de suero.

Cuando me tocó el turno, apenas tenía fuerzas para evitar que entre varios secuaces me cogieran por los aires y me metieran en uno de los todoterrenos que lideraba la expedición.

Estaba exhausto, apenas podía percibir nada a mi alrededor, me ofrecieron una cantimplora que a duras penas podía sujetar con mis manos, bebí algo de agua, mientras escuchaba cómo el piloto y el copiloto hablaban en una lengua que no entendía, parecía árabe.

Mis ojos se iban cerrando por momentos, pero pude comprobar que mis dos captores también iban ataviados, al igual que sus compañeros, totalmente de blanco y con la cara cubierta por una especie de fular, dejando sólo a la vista sus ojos.

Justo antes de perder el conocimiento, el copiloto se volvió a mí, y tuve frente a mí sus ojos, unos ojos tan negros que no se diferenciaba la pupila del iris, unos ojos negros que no veía desde la noche en que empezó este infierno, reunido con todos mis amigos en el Abilene…

El aire acondicionado del todoterreno ayudó a que recuperase el sentido. No tenía noción de cuántas horas había pasado desmayado, pero pude comprobar que el convoy estaba en movimiento y nos dirigíamos hacia un destino incierto por mí, sin saber si mis amigos estaban vivos o si habían corrido la misma suerte que Flavio.

  • ¿Ya estás despierto? – preguntó la misteriosa mujer de ojos negros desde el asiento de copiloto.
  • ¿Quién eres? ¿Por qué habéis asesinado a Flavio? ¿Qué queréis? – grité encolerizado, al tiempo que me daba cuenta que estaba atado al asiento del todoterreno.
  • Me llamo Darya Solak, soy responsable del departamento de investigación del Museo Arqueológico de Estambul, le sugiero que recobre fuerzas durante el largo viaje que nos espera. Le hemos atado para que no se golpeara la cabeza estando inconsciente debido a lo accidentado del terreno. Por favor relájese, ya habrá tiempo para conversar. Tienen suerte de estar vivos, han estado muy cerca de aterrizar en Gandom Beryam.

Según hablaba, el tono de su voz irradiaba una calma y una tranquilidad que inundaban mi cuerpo ¿acaso esa mujer no trabajaba para la voz siseante?. No, no podía ser, demasiadas coincidencias, pero entonces… ¿por qué primero nos arrojan desde un avión y ahora nos salvan de una muerte segura?

Mis cavilaciones y el no tener respuesta adicional por parte de mi captora, hicieron que el resto del viaje lo realizara en silencio, ahorrando fuerzas.

El viaje duró varias horas, debido tanto a los kilómetros que nos separaban de nuestro destino, como a las veces que tuvimos que parar porque a alguno de los coches que, formaban el convoy, su motor precisaba de manera urgente agua debido a las altas temperaturas o debido al reventón de alguna rueda debido a lo rocoso y accidentando del recorrido.

  • ¿Podéis al menos decirme dónde estoy y dónde vamos, por favor?
  • Estamos atravesando Dassht-e-Lut, en persa quiere decir Desierto de Lut, nos dirigimos a la ciudad de Kerman al sudeste de Irán. Han tenido suerte de venir aquí en esta época del año. En verano es imposible sobrevivir, se alcanzan temperaturas superiores a los sesenta o setenta grados de temperatura.
  • ¿Qué es Gandom Beryan? ¿por qué antes has dicho que hemos tenido suerte de no aterrizar allí?
  • Gandom Beryan es el lugar de desierto dónde más calor hace del todo el planeta. Si hubieran aterrizado allí, para cuándo les hubiéramos encontrado, habrían muerto por algún fallo orgánico de su cuerpo.
  • ¿Cómo nos habéis encontrado? –pregunté.
  • Gracias al localizador que te puse la noche que me viste en aquel local de Madrid- contesto Darya.
  • El posavasos- afirmé.
  • ¿Posavasos? – me miró extrañada Darya- no termino de hablar del todo bien su idioma, descanse, por favor, tenemos mucho de qué hablar cuando lleguemos a nuestro destino.

Viendo que no podía sacar más información de mis secuestradores, me acomodé en mi asiento y me puse a mirar por la ventanilla el paisaje tan excéntrico que se plasmaba delante de mí. A lo lejos podía ver unos extraños pasillos cóncavos paralelos en forma de U, conocidos, según me explicó el conductor, como yardang.

Según iban pasando los kilómetros, el paisaje del desierto iba evolucionado. Atravesamos una zona rocosa que vistas desde lejos parecían las torres de una gran ciudad.

Según avanzábamos por esa ciudad inerte, se podía comprobar como el viento había estado erosionando durante millones de años aquellas rocas, creando extraños corredores de piedra de apariencia siniestra.

Las horas siguieron pasando y poco a poco comenzamos a pasar pequeños pueblos nómadas (al fin algo de civilización, pensé), hasta que llegamos al aeropuerto de Kerman.

Los secuaces vestidos de blanco inmaculado me ayudaron a bajar del todoterreno y me subieron a una silla de ruedas para trasladarme por la pista del aeropuerto en dirección a las escaleras de un majestuoso Airbus 320. El interior del avión había sido modificado, estaba claro que no era un avión comercial, más bien parecía una zona militar.

Según iba avanzando por el pasillo central, pude ver una zona de enfermería donde, para mi tranquilidad, me reencontré con Axel y Mario conscientes y hablando entre ellos. Seguí avanzando por el pasillo dejando atrás varias mesas donde, soldados uniformados, estaban analizando antiguos mapas de lo que parecía Oriente Medio.

Al llegar a una zona de asientos, me acomodaron al lado de Alex, enfrente nuestro y para nuestra sorpresa estaba Darya acompañada de dos hombres que, por sus atuendos, parecían uno un sacerdote y el otro un Imam.

Una vez acoplados en nuestros asientos, el Airbus comenzó a moverse dirigiéndose hacia la pista de despegue, una vez allí estuvimos parados varios segundos, hasta que los poderosos motores de la aeronave, fueron rápidamente incrementando su potencia, según podíamos percibir del ruido de los mismos. En un instante, el comandante del avión quitó el freno de seguridad y el avión se lanzó por aquella pista a toda velocidad, al igual que habían pasado nuestras últimas horas vividas.

Un leve taponamiento en los oídos fue la señal de que el avión estaba cogiendo altura dejando atrás la ciudad de Kerman, me asomé a la ventanilla y vi un sol que ya estaba en lo alto, calentando aquella ciudad y aquel desierto que dejábamos atrás.

  • ¿Dónde vamos?
  • ¿Son ustedes creyentes? -me preguntó el Imam.
  • Yo…creo en Dios, miré en dirección al sacerdote algo avergonzado
  • Discúlpeme, no le estoy preguntando, si es usted cristiano, le estoy preguntando si es usted creyente.
  • Sí, supongo que sí creo en algo por encima de nosotros.
  • Perfecto entonces- respiró aliviado el Imam.
  • ¿Dónde vamos? -volví a preguntar.
  • Al origen de todo, a la antigua Constantinopla, ahora conocida como Estambul.

Esta semana el destino no deja opciones a nuestros protagonistas. Disfruta la lectura. La semana que viene nuestros amigos comenzarán a entender todo lo que les ha pasado en los últimos días

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Capitulo 4. Paradoja de Sorites

El sonido de los motores del avión me despertó, miré alrededor y comprobé que estaba en un viejo carguero diáfano, sin asientos y rodeado de cajas. Miré por una de las pocas ventanillas que tenía el avión  y sólo vi agua -¿hacia dónde coño vamos? –pensé.

En un rincón del avión, vi a Alex que estaba atendiendo a su hermano ya que, al parecer, había sido herido en una pierna y tenía claros gestos en la cara de deshidratación y dolor. Al menos, advertí, que nos habían suministrado botiquín y alimentos para recobrar fuerzas.

Tras unas cajas, me encontré a Mario sin sentido. Cogí uno de los botiquines y comencé a curarle las múltiples heridas de su cuerpo. Al rato comenzó a abrir los ojos y aproveché para darle de beber agua.

  • ¿Todavía no estamos muertos? ¿todavía no lo han encontrado?, preguntó.
  • ¿De qué hablas Mario? ¿Qué no han encontrado? ¿Quiénes no lo han encontrado? ¿Qué está pasando aquí?

Pero mis preguntas fueron estériles ya que Mario nuevamente perdió el conocimiento.

Pasaron varias horas, y los gemelos y yo mismo aprovechamos para reponer fuerzas y descansar, nuestros esfuerzos para acceder a la cabina o saber qué estaba pasando alrededor de nuestras vidas no había tenido el resultado deseado por nosotros.

En una de las ocasiones que me desperté, me encontré a los gemelos hablando con Mario, quien estaba recostado y parecía con algo más de fuerzas, gracias a la fruta que le habían dado de comer los hermanos. Me acerqué a ellos con la intención de averiguar todo lo que estaba pasando.

  • Mario, necesitamos una explicación – comenté.

Mario me miró con cara entristecida – Siento de veras que os haya salpicado todo esto- me respondió.

  • Mario nos estaba explicando a qué se ha dedicado sus últimos años, señaló Alex.
  • ¿De qué habla Mario? Tú sigues trabajando en la aduana del aeropuerto ¿no? –pregunté extrañado sin entender la situación.

Mario negó con su cabeza, mientras miraba al suelo, con la cara de un niño asustado confesando su última trastada.

  • Sí, sigo trabajando allí, pero no sólo me dedicaba a eso- nos comenzó a explicar- para alcanzar el nivel de vida que me pedía Almudena no sólo me bastaba con ese sueldo.
  • ¿Qué has estado haciendo Mario? –le insistí.
  • Comencé con algo pequeño, aceptando pequeños sobornos para dejar pasar algún paquete con droga en el país.
  • Joder Mario, no me jodas.
  • Pero mis contactos vieron en mi un filón – prosiguió Mario – y de la droga pasé al mercado negro de joyas y finalmente de obras de arte sin darme cuenta.
  • ¿Y no intentaste parar?
  • Lo intenté, pero ya me tenían a su merced. Me amenazaban con denunciarme a la policía e incluso de perder mi nivel de vida con Almudena…-paró y respiró suspirando de manera irónica- me forzaron a continuar.
  • Vale, tenemos un amigo camello de obras de arte – comentó con algo de desprecio Alex- ¿qué cojones tiene que ver eso con nuestra situación y la muerte de Flavio?

Flavio. Me había olvidado de esa imagen, su silueta oscilando como un péndulo inerte sobre el suelo y sus gafas rotas,  mientras su asesino estaba justo al lado de él siseando, disfrutando del momento.

  • No lo sé- comenzó a excusarse Mario- Flavio sabía de mi situación, le intenté pedir ayuda y él intentó negociar con mis contactos, les ofreció dinero pero no accedieron, les era más útil trabajando.
  • Joder, haber dejado el trabajo, señaló Alex.
  • Me mandaron fotos de Almudena en su día a día, amenazando con que si perdía el trabajo ella perdería la vida.
  • ¿Pero qué ha pasado exactamente Mario para llegar a esta situación en este carguero?
  • Como os comentaba, mi “segundo trabajo” derivó en pasar por alto cajas y envíos específicos que llegaban a la aduana y que portaban obras de arte. Sinceramente no sabía mucho más de esos envíos, yo sólo me las ingeniaba o bien para meter el paquete en el avión o para meterlo en el país sin que nadie detectase el paquete y luego cobraba por ello…cobraba bastante bien…
  • ¿Y por eso nos quieren matar?- Gritó Axel.

Observé a Mario, casi no reconocía a mi amigo, le veía abrumado por la situación, sin reaccionar, como un pelele en las manos del hombre del siseo metálico.

  • Mario – le comenté con más suavidad que Axel mientras éste se levantó y se desplazó enfadado unos metros a otra zona del carguero – por favor Mario, cuéntanos qué pasó para haber llegado a este punto.
  •  Hace unos meses, -comenzó Mario- llevando uno de esos paquetes, tropecé con el suelo recién fregado y me caí, al ir a recoger el paquete vi que estaba abierto. Era un paquete que venía de Roma por lo que pude apreciar de la dirección, al mirar en su interior había una especie de pergamino y una figura como un brazalete pero con la forma de una serpiente con dos piedras preciosas en los ojos, pero una de ellas comprobé horrorizado que se había caído a causa del golpe y mi traspiés.
  • ¿Una serpiente que se mordía su propia cola?- preguntó sobresaltado Alex.
  • Sí – contestó Mario- el brazalete se cerraba precisamente por la boca de la serpiente.
  • Jörmundgander!! – exclamó Alex.

Mario, miró a Alex sin comprender muy bien.

  • ¿Qué tiene que ver la bebida alcohólica con esto Alex?-  Preguntó Mario con mirada confusa.

Alex iba a empezar a explicar nuevamente su hipótesis de la mitología nórdica, pero mi mirada de reprobación hizo que dejase a Mario continuar con su confesión.

  • Continúa por favor, Mario – sugerí.
  • El caso es que intenté volver a poner en su sitio la piedra que se había caído de la cuenca del ojo de la serpiente pero no pude y el terror me asaltó ¿os imagináis cuanto podía costar ese objeto? ¿Qué me harían mis chantajeadores al enterarse de este suceso?
  • ¿Y qué hiciste? – comentó Axel desde el otro lado del avión.
  • Sé que debía haber puesto todo en el paquete e intentar recomponer el envoltorio y hacer como si no hubiera pasado nada, pero el miedo a que le pasara algo a Almudena me llevó a coger el paquete entero e ir a casa de Flavio.

Otra vez la imagen de Flavio colgado inundó mi cabeza junto a una amarga melancolía, ¿toda la vitalidad de mi amigo se había marchitado por una cuestión de robo de joyas?

Durante varios minutos, Mario nos explicó con detalle todos los esfuerzos que pusieron Mario y él en intentar recomponer la figura, pero todos fueron inútiles. Por ello, comenzaron a averiguar más sobre el origen del objeto por si podían encontrar alguna copia del brazalete que pudieran conseguir para poder reemplazarlo.

  • Flavio me comentó que había averiguado que el objeto había sido robado del Museo dÁrte Orientale de Roma aprovechando un incendio que hubo a primeros de año- detalló Mario – La pieza había sido cedida temporalmente por el museo arqueológico de Estambul y los italianos la habían expuesto junto con otras piezas en un exposición llamada “Persia y el origen de la vida”. Por lo que Flavio pudo averiguar de la exposición, el brazalete formaba parte de un conjunto artesanal que lo completaba un brazalete idéntico al que había roto y un collar. Y el segundo brazalete estaba en posesión de un coleccionista privado! –recordó ilusionado Mario- Flavio me prometió que haría todo lo posible para contactar con el coleccionista privado y ofrecerle la cantidad de dinero necesaria para hacerse con el objeto, reponer el paquete y entregarlo a mis contactos en el tiempo adicional  que les había solicitado, argumentando, que estaba teniendo problemas de sacar el paquete, debido a la vigilancia extra que habían añadido en las aduanas por las sospechas de que alguien desde dentro, estaba implicado en tráfico ilegal…
  • ¿Y?- pregunté.
  • Y a partir de ahí ya no supe nada más de Flavio hasta la noche que nos vimos, quise esperar al final de la noche para retomar el tema, pero durante la pelea del local, alguien me puso un saco en la cabeza y me dio un golpe…y ya no recuerdo nada hasta que os vi sentados en aquella sala viendo el cadáver colgando de Flavio- sollozó Mario.
  • ¿Y el pergamino? –preguntó Alex.

Efectivamente, pensé, se me había olvidado completamente, que dentro del paquete, también había un pergamino según nos había detallado Mario.

  • ¿El pergamino? – repitió Mario mientras de su boca salía una media sonrisa- el pergamino es el origen de todo, pero me lo robaron en la noche que me secuestraron.
  • ¿El origen de qué? Preguntó Alex.

Mientras Mario estaba comenzando las primeras silabas de su respuesta, un sonido nos hizo mirar al techo del avión, parecía que alguien había activado el micrófono y el siseo metálico que salió de aquellos altavoces hicieron revolver mi estómago.

“¿Cuántosss granosss de arena hacen falta para crear un montón de arena?. ¿Cuántosss granosss de arena hay que quitar de un montón de arena para que deje de ssserlo?.

  • Joder ya empezamos- dijo Axel.
  • No os entretengáis- sugerí- recordad que en la carbonería iba subiendo el calor constantemente hasta que dimos la contestación, vete a saber qué nos puede pasar aquí dentro.

No tardamos mucho en averiguarlo, ya que el zumbido permanente del motor que insuflaba oxígeno al interior de la parte posterior del avión en la cual estábamos, dejó de sonar.

  • Joder, han parado el oxígeno, nos vamos a ahogar aquí dentro-gritó Alex-
  • Relajaros!-grité yo también- centrémonos en resolver el acertijo, además cuanto menos gritemos y más tranquilo estemos, menos oxígeno consumiremos-
  • Tienes razón, señaló Axel, centrémonos-

“¿Cuántosss granosss de arena hacen falta para crear un montón de arena?.¿Cuántosss granosss de arena hay que  quitar de un montón de arena para que deje de ssserlo? “, repitió la voz metálica.

  • ¿Qué está pasando? – preguntó Mario.
  • Tu amigo, el secuestrador y asesino de Flavio, le encanta jugar a las adivinanzas, el problema es que si no las acertamos nos mata.
  • Venga centraros – sugerí, empezando a notar un agobio al respirar, no sé si por la posible pérdida de oxígeno en mis pulmones o por la adrenalina que estaba inyectando mi cerebro ante esta situación.- A ver, empecemos por el principio ¿Cuántos granos de arena hacen falta para formar un montón? –repetí- Un grano de arena no es un montón ¿no? –pregunté.
  • Pues si un grano de arena no es un montón, si le sumas otro grano de arena que tampoco es un montón ¿eso suma un montón? – preguntó Axel.
  • Yo diría que no,- contestó Mario.
  • Pues si eso lo repetimos hasta el infinito nunca tendríamos un montón ¿verdad? – sentenció Alex.

Notaba como nos estábamos metiendo en un laberinto filosófico mientras el oxígeno de la cabina poco a poco iba desapareciendo mientras pasaba por nuestros pulmones.

  • Bueno….pues entonces empecemos por el final,- propuse -¿si a un montón de arena le quitas un grano sigue siendo un montón?
  • Yo diría que sí, contestó Mario.
  • Joder, pues entonces si eso lo repetimos hasta el infinito, un simple grano formaría un montón, estamos como en el principio – gritó desesperado Alex.

Alex tenía razón, no teníamos solución al enigma y poco a poco el aire iba despareciendo mientras estábamos debatiendo cuál era la solución correcta, de repente escuché un golpe a mi lado.

  • Mario!- grité- ¿estás bien?
  • Ha perdido el conocimiento, dijo Alex.

El cuerpo de Mario había colapsado ante las heridas recientes y la falta de oxígeno.

  • Sigue respirando- comprobé aliviado- vamos tenemos que darnos prisa.
  • ¿Prisa con qué? – preguntó Alex con un gesto en la cara que hacía ver que estaba haciendo auténticos esfuerzos por no desmayarse – Ese enunciado no tiene solución –prosiguió –ese hijo de puta nos quiere ver muertos.

“¿Cuántosss granosss de arena hacen falta para crear un montón de arena?.¿Cuántosss granosss de arena hay que  quitar de un montón de arena para que deje de ssserlo?. “, repetía nuevamente la voz metálica.

El enunciado – pensé- en el enunciado de la paradoja debe estar la solución, pero cada uno de nosotros opinaba una cosa distinta siendo el enunciado el mismo. De repente me di cuenta, de lo vago que era el enunciado ¿a qué llamábamos montón?. Cada uno de nosotros teníamos una opinión al respecto y si preguntásemos a más personas probablemente tuvieran una opinión distinta ¿cuánto es un montón? ¿10 granos? ¿100? ¿100.000?¿10.000.000?

  • La solución es infinito-grité.
  • Expliquessse ssseñor – me solicitó aquella asquerosa e histriónica voz tras un silencio durante el cual parecía que estaba procesando nuestra contestación.
  • Nos has planteado una paradoja sin solución, porque el enunciado no es concreto – argumenté. La solución depende del criterio del que pregunta y del que responde, para cada persona su criterio cambia acerca de cuántos granos forman un montón – respondí casi sin respirar por el poco oxígeno que quedaba. Por tanto. como la respuesta varía dependiendo de la persona que conteste y de la persona que pregunte, la solución es infinita.
  • ¿Esssta ssseguro ssseñor?

La verdad es que no lo estaba, el poco oxigeno que quedaba en la cabina no me permitía pensar con claridad,

  • Sí estoy seguro- grité intentando parecer lo más persuasivo posible.
  • Muy bien ssseñor, sssi usted cree que infinitosss granosss de arena crean un montón, le voy a dar una posssibilidad para que lo compruebe por usssted misssmo. Less doy la bienvenida al desssierto de …Dasssht-e-Lut, lesss dessseo buen viaje.

Según acabó de hablar nuestro asqueroso interlocutor, noté como el oxígeno volvía a aparecer en el interior de nuestro espacio, desgraciadamente no fue lo único que se activó.

Un sonido chirriante nos hizo mirar a los gemelos y a mí a la zona de la cola del avión, y pudimos ver horrorizados como la compuerta de descarga se estaba abriendo.

  • Nos quieren echar del avión, comentó aterrorizado Axel.
  • Joder este suelo, está modificado ¿no?, señalo su hermano.

Mi cabeza giró de un lado a otro rápidamente, para comprobar, por una parte, el detalle mencionado por Alex y por otra para verificar el motivo  de esa modificación existente en el suelo. La compuerta del avión estaba completamente abierta y la diferencia de presión estaba comenzando a desatar un vendaval en el interior de la nave, pero por si fuera poco, pudimos comprobar que los raíles que había descubierto Alex servían para que el suelo del avión se fuera plegando poco a poco sobre sí mismo, creando una ratonera aérea que nos dejaría sin lugar donde apoyarnos en poco minutos y caer al vacío.

Mario seguía desvanecido, quizás esa sea la mejor manera de morir, pensé.

17 de mayo. Con el 75% de los votos vuestra decisión ha sido…

A) Busquemos una manera de saltar del avión, nos estamos quedando sin oxígeno

  • Mirad aquí, en esta caja hay dos paracaídas – gritó Axel.

Apenas podía oírle del ruido ensordecedor que había dentro de la nave, poco a poco el suelo se iba contrayendo, y había que hacer auténticos esfuerzos para mantener el equilibrio, la presión del aire era muy fuerte y estaban comenzando a salir volando todo el material que no estaba anclado al avión. Precisamente una de las cajas que salió volando, cogió desprevenido a Alex, mientras estaba mirando a su hermano y a su recién descubrimiento, y le dio tal golpe en la nuca que lo dejó sin sentido.

Tuve que saltar sobre él y agarrarme con todas mis fuerzas a una de las cajas ancladas para no salir disparados los dos fuera del avión.

  • Axel ayúdame- imploré.

Axel, vino corriendo a mi lado y entre los dos, conseguimos colocar a cubierto de manera temporal a Mario y Alex.

  • Sólo he encontrado dos paracaídas, he revisado todas las cajas que se podían abrir y no han salido volando ¿qué hacemos?

Mirando al frente, podía ver el horizonte que se abría paso por el suelo plegable del avión y nos dejaba ver cuál sería nuestro destino si conseguíamos salir de esta situación. Un inmenso desierto nos esperaba a nuestros pies sin ningún atisbo de civilización, por lo que podíamos apreciar desde nuestra posición.

El suelo del avión estaba plegado hasta la mitad, y el ruido y el aire que había en el interior apenas nos permitía pensar.

  • Axel quítate el cinturón y junto con el mío ata a tu hermano y a Mario en lo alto de esa caja.
  • Vale! Ya te pillo la idea.
  • Toma mi chaqueta y utilízalo también como amarre –sugerí- átales bien, su vida dependerá de ello.

Al darle la chaqueta, me di cuenta, que desde que había salido de trabajar camino a casa de Flavio no me había cambiado de ropa, ni siquiera cuando volví del hospital, con el descubrimiento de la fotografía de Mario ni siquiera había reparado en ello.

Los gritos de Axel me hicieron salir de mi ensimismamiento, comprobé que Alex y Mario estaban fuertemente atados a la redecilla que recubría la caja más grande que había dentro del avión. Por el tamaño de la caja, perfectamente podía caber dentro un sofá, aunque no creía que nuestro amigo de la voz metálica se dedicara ahora al negocio de portes.

  • ¿Qué hacemos con los paracaídas? –preguntó Axel – ¿nos lo ponemos nosotros y saltamos con la caja?
  • No!, olvídate, la caja pesa demasiado. Con el tirón que nos daría el paracaídas se nos escaparía la caja y Mario y tu hermano se estamparían en el desierto. Hay que atar los paracaídas a la caja, uno a cada lado para que no se crucen las cuerdas.

Con la ayuda de las mangas de nuestras camisas que rasgamos, conseguimos unir fuertemente las mochilas de los paracaídas a la red de la caja.

El suelo del avión estaba llegando a nuestra posición, de hecho algo menos de la mitad de nuestra caja estaba suspendida en el vacío.

  • Venga Axel, súbete y átate con todas tus fuerzas, cuando caigamos cuentas hasta diez y abre tu paracaídas.
  • Joder!! esto es un locura, nos vamos a matar los cuatro!!
  • Venga Axel ahora súbete!!

Nos subimos los dos a la caja y desbloqueé el anclaje, justo al tiempo de que el suelo del avión dejara en total vació nuestro bote salvavidas, el cuál cayó a plomo sobre el cielo azul y sobre el inmenso mar de arena que había en nuestros pies.

La velocidad de la caída era angustiante, apenas podía respirar y mucho menos abrir mis ojos. Mentalmente seguía contando unos segundos que se me hacían eternos, interminables, -cinco, seis…-el ruido de la caída era ensordecedor, -siete, ocho, nueve y DIEZ!” tiré con todas mis fuerzas del paracaídas y noté un leve tirón del mismo que nos frenaba, pero seguíamos cayendo demasiado rápido ¿qué estaba pasando?, ¿qué demonios estaba haciendo Axel?

Abriendo lo máximo que podía los ojos, cubriéndome con la caja, pude comprobar una imagen espeluznante y es que una de las ataduras de Mario se había aflojado y Axel había tenido que cogerlo para que no saliese volando, sin esa mano disponible no podía abrir el paracaídas ¿qué íbamos a hacer?

Los segundos iban pasando, y aunque el paracaídas abierto nos había ralentizado sensiblemente, no era suficiente para evitar una muerte segura cuando nos estrellásemos contra la arena del desierto.  No tenía muchas opciones de decisión, si seguíamos así, moriríamos los cuatro.

Axel suficiente tenía con aguantar la vida de Mario con su brazo, tenía que ser yo quien nos sacara de esta situación.

Como pude, me desaté mis ataduras y me agarré fuertemente a la redecilla de la caja, mis piernas inmediatamente salieron disparadas hacia el cielo y el tirón casi me saca los hombros de su sitio, el dolor me hizo masticar mi propia sangre en la boca, tenía que seguir adelante, ya no había vuelta atrás.

El suelo del desierto se iba acercando cada vez más deprisa, veía con toda claridad los detalles del suelo y de cada piedra existente, sin llegar a pensarlo demasiado, de la redecilla de la caja y estirando mi brazo derecho pude alcanzar la piernas de un Mario todavía inconsciente, primero un brazo y luego al otro haciendo una cadena humana a cientos de metros por encima del desierto, yo estando agarrado a Mario y Mario siendo agarrado por Axel.

Fui trepando por el cuerpo de Mario, hasta llegar a la altura de Axel, estiré el brazo de manera desesperada y tiré con todas mis fuerzas de la manilla del paracaídas. Éste se abrió y durante unos segundos la caja fue reduciendo sensiblemente su velocidad, antes de estamparnos contra el ardiente suelo del desierto de Dasssht-e-Lut.

Continúa la próxima semana las aventuras de nuestros protagonistas en este blog


Capítulo 5. La Paradoja del Valor

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Capitulo 3. Paradoja del Ahorcado

La voz de Alex me hizo abrir los ojos.

  • ¿Hola? ¿Hay alguien?
  • Alex, ¿dónde estás? No veo  nada ¿estás bien?
  • Sí, estoy bien. Yo tampoco puedo ver nada…ni puedo moverme me han atado a algo ¿tú puedes moverte?

Me percaté que, al igual que mi amigo, durante el tiempo que habíamos perdido la consciencia me habían sentado en el suelo y maniatado a una especie de viga o columna.  Tras la caída de apenas unos segundos (intuyo que al sótano del local), sobre alguna superficie blanda (como paja, pensé) cuando intentamos recobrar la verticalidad, recuerdo cómo recibí un golpe en la cabeza y supongo que al resto del grupo les pasó igual.

Respiré con profundidad e intenté analizar la situación, miré a mí alrededor pero no podía ver nada. Con mis piernas, las cuales no estaban atadas, intenté hacer un mapa a ciegas de lo que tenía delante de mí. Me percaté que estaba cerca de una pared.

  • Alex, mueve las piernas a ver si puedo tocarte.

Alex, hizo el mismo ejercicio, y comprobamos que la habitación debía ser estrecha puesto que con su pierna izquierda Alex también tocaba una pared y con su pierna derecha, estirándola, podía rozar mi pierna izquierda también estirada.

  • ¿Dónde estamos?
  • No lo sé Alex, debemos estar en el sótano de la carbonería.
  • ¿Y mi hermano? ¿Y Flavio?
  • No lo sé, quizás están en otra habitación. Tenemos que intentar salir de aquí, ¿crees que puedes soltarte?
  • No joder, estos tíos me han atado con cadenas ¿Qué clase de broma es ésta? ¿crees que son nuevamente los “cabeza rapadas”? ¿qué tiene que ver Mario con todo esto?

Me estaba haciendo exactamente las mismas preguntas, cuando me pareció escuchar la voz de Axel.

  • Axel ¿eres tú hermano? – gritó Alex.
  • Sí soy yo!. ¿Cómo estás?
  • Estoy bien ¿tú cómo estás?
  • Creo que también estoy bien.
  • ¿Está contigo Flavio? –grité.
  • No, no creo que Flavio esté aquí…aunque, no veo nada. Estoy a oscuras.

La voz de Axel salía del techo, por lo que intuimos que debía de haber algún tipo de rejilla de ventilación que comunicaba las dos habitaciones contiguas.

  • ¿Por qué os han atado a vosotros dos en una sala? -preguntó Axel-, ¿por qué estoy yo solo?, ¿dónde está Flavio?, ¿dónde estamos?, ¿quién cojones está detrás de todo esto?

Las preguntas seguían creciendo y seguíamos sin tener ni una sola respuesta, de repente una voz siseante y metálica resonó en la sala.

“Un hombre aparece ahorcado en sssu celda sssin ningún apoyo bajo sssusss piesss. Tanto la puerta como la ventana essstán cerradasss por dentro y no exissste otra sssalida. No hay ningún otro mueble en la habitación. ¿Cómo esss posssible?”

  • Axel, ¿has escuchado eso? – grité.
  • Si, si lo he oído ¿qué cojones es esto? nos secuestran y se ponen a contarnos adivinanzas.
  • No lo sé, quizás si lo adivinamos podamos salir de aquí.

“Un hombre aparece ahorcado en sssu celda sssin ningún apoyo bajo sssusss piesss. Tanto la puerta como la ventana essstán cerradasss por dentro y no exissste otra sssalida. No hay ningún otro mueble en la habitación. ¿Cómo esss posssible?”,  repitió la voz metálica.

Comenzamos a hablar los tres sobre ello.

  • Treparía hasta el techo y se dejaría caer ¿no?- sugirió Alex.
  • No, no si es una celda las paredes serán lisas no podrá trepar.
  • ¿Quizás saltara para ahorcarse? –sugerí.
  • No eso no tiene ningún sentido.
  • Eso es- gritó Alex, la adivinanza es otra paradoja, la contestación no tiene que estar unida a la lógica.

La tensión del momento hizo que nos diéramos cuenta, algo más tarde de lo que nos hubiera gustado que, poco a poco, la temperatura de la habitación comenzaba a subir. O respondíamos rápido a la pregunta o íbamos a acabar asados en la vieja carbonería.

Los minutos iban pasando y no encontrábamos la solución a la pregunta que nos hacía la voz metálica, el calor de la vieja carbonería me empezaba a pasar factura, casi no podía pensar, notaba la cara empapada y sentía como el sudor se deslizaba por mi barbilla y caía al suelo.

“Un hombre aparece ahorcado en sssu celda sssin ningún apoyo bajo sssusss piesss. Tanto la puerta como la ventana essstán cerradasss por dentro y no exissste otra sssalida. No hay ningún otro mueble en la habitación. ¿Cómo esss posssible?”

Se repetía una y otra vez la voz metálica, primero Mario y ahora Flavio, no podía dejar de pensar en la advertencia de Flavio, en la cara de preocupación de Almudena ¿cómo habíamos llegado a este punto?

La mayoría de las respuestas que habéis dado en Instagram en @paradoxus_roi ha sido…

El calor seguía aumentando, y las gotas de sudor ni siquiera llegaban a la barbilla, del propio calor se evaporaban en la propia mejilla…-Eso es!!!- Grité – el calor es la explicación!!-

  • No te entiendo murmuró Alex – por su tono de voz intuí que la deshidratación y el calor le estaban pasando peor factura que a mí.
  • La solución es el hielo!! –grité. El prisionero se subió a un bloque de hielo y se ahorcó, con el calor el bloque de hielo se derritió y el agua se evaporó. La solución es el hielo!!- volví a gritar.

De repente, la voz metálica paró de repetir el acertijo, escuché como se activaban lo que parecían unos ventiladores, pero apenas me dio tiempo a disfrutar del aire fresco que entraba en la sala antes de que se abriera la puerta y dos manos me soltaban de mi amarre y otras dos me ponían un saco en la cabeza y me ponían de pie.

Noté como me llevaban atropelladamente por un largo pasillo, el saco me estaba asfixiando de lo apretado que me lo había colocado las manos que hace unos instantes me habían sacado de la habitación y casi no me llegaba aire a los pulmones.

Después de unos minutos caminando, noté cómo me sentaron, me volvieron a atar y de repente me quitaron la capucha.

En esta ocasión había un foco justo encima mío mientras a mi alrededor todo era tinieblas. Frente a mí, pude ver a Alex colocado de una manera similar a la mía debajo de otro foco.

Mientras le miraba, observé como éste a su vez estaba mirando a su derecha, dirigí mi mirada hacia allí y vi a un Axel maltrecho y dolorido.

De manera intuitiva miré al otro lado de la sala, esperando ver a Flavio en su silla correspondiente, pero en su lugar estaba sentado con una cara apenas reconocible, debido a las inflamaciones por los golpes recibidos, Mario.

  • Mario!!!- grité ¿estás bien? ¿qué está pasando?

Mario, apenas levantó la cara para intentar mirarme, sus ojos apenas podían abrirse entre la sangre que le caía de las cejas y la inflamación de sus pómulos. Vi que iba a decirme algo, pero en su lugar vomitó sobre sí mismo.

  • Mario, ¿sabes dónde está Flavio? ¿quién nos está haciendo esto?

El diálogo que estaba intentando tener con mi amigo fue interrumpido por un siseo metálico, chirriante, que parecía venir del centro de la sala justo entre nosotros cuatro que estaba sumergido en tinieblas.

  • La ressspuesssta no esss el hielo ssseñor. Essstá usssted equivocado. Ha cometido un error de lógica. ¿Por qué sssupone que el prisssionero se sssuicidó?

Aquella voz y aquel siseo me erizó completamente la piel, pero fue aquella sugerencia la que me hizo entrar ganas de vomitar al llegar a la conclusión qué me hacía entrever mi opresor.

  • Si no se ahorcó, entonces ¿qué pasó hijo de puta?- chilló encolerizado Axel. Suéltanos!
  • ¿Ssseguro que no lo sssabe ssseñor?
  • Si no se sui… suicidó, empecé a tartamudear, entonces le asesinaron.
  • ¿Sssi? Le ruego que continúe ssseñor.
  • Y al abrir la celda, su asesino estaba allí-sentencié.
  • Correcto ssseñor. Esssa es la resspuesssta correcta.

Inmediatamente las luces de la sala se invirtieron. Nuestros cuatro respectivos focos se quedaron a oscuras, mientras que el resto de la luz se iluminó, dejando entre penumbras el centro de la sala.

Mientras mis ojos se adaptaban nuevamente a la luz, escuché el grito de Alex.

Miré al centro de la sala y vi una silueta en la penumbra con sombrero y gabardina, y junto a él un cuerpo colgado de una soga que llegaba desde el techo.

Al principio no reconocí al cuerpo inerte colgado. Tras unos instantes comencé a encontrar rasgos en la silueta que me eran conocidos, y finalmente descubría aquellas gafas rotas que estaban debajo del cuerpo colgado…eran las mismas que me miraron anoche justo al subirse al taxi. Era Flavio!!!

Mientras gritaba el nombre de Flavio con todas mis fuerzas las luces volvieron a su estado original y nuevamente volvieron a colocarme un saco en la cabeza y a arrastrarme con la silla hasta que un golpe secó me dejó sin sentido.

Continúa la próxima semana las aventuras de nuestros 4 protagonistas en este blog

Capítulo 4. La Paradoja de Sorites

mientras tanto sigue informado de las novedades en Instagram @paradoxus_roi


Capítulo 2. Paradoja de la Serpiente

Cuando recobré la consciencia, me di cuenta de que ya ni era de noche ni estaba en aquel antro. El sol entraba con tanta fuerza por las ventanas de la habitación del hospital, que no tuve más remedio que entornar los ojos, al hacerlo, juraría estar viendo aquellos ojos negros mirándome, acercándose a mí.

La luz de la habitación se apagó moderadamente, ya que alguien entornó la cortina. Al mirar a aquella presencia, hasta ese momento desapercibida, me di cuenta de que era Almudena.

  • ¿Dónde está Mario?
  • Almudena, ¿qué haces aquí?
  • Repito, ¿dónde está Mario?
  • No tengo ni idea, estará en casa supongo o en el hospital, lo último que recuerdo es la paliza que nos llevamos ayer por la noche….aunque ahora que lo pienso, la paliza nos la llevamos sólo nosotros cuatro. Mario fue a llamar a la Policía y no volvió ¿dónde está Mario, Almudena?
  • ¿Te estás riendo de mí? A la Policía le llamaron los vecinos de la zona y al llegar allí no había rastro de Mario ¿qué estuvisteis haciendo anoche?
  • Pues nada en especial, beber un poco, estuvimos charlando, te pusimos bastante a parir…además ¿qué más te da dónde esté? al fin y al cabo le has dejado ¿no?

Almudena torció el gesto y me miró con mirada de reprobación.

  • Hoy habíamos quedado con nuestros abogados para revisar el último texto donde se plasma el acuerdo de divorcio. El no aparecer hoy, lo puedo utilizar como un acto de discordia y utilizarlo a mi favor para dejarle sin nada.
  • ¿Y lo vas a hacer?
  • No…estoy preocupada.
  • ¿Todavía le quieres?
  • No…supongo que no.

Aquel silencio incómodo lo rompió con elegancia la enfermera de la planta, llevando un papel en la mano que al parecer era mi alta médica.

Recogí mi ropa, me vestí y Almudena me ayudó a salir del hospital.

  • Entonces ¿no sabes dónde está?
  • De veras que no Almudena. ¿Le has llamado al móvil?
  • No lo coge, pero no sé si es porque lo ha perdido, no puede cogerlo o no quiere contestarme. Llámale tú por favor.
  • Lo haría, pero ayer me robaron el móvil, justo antes de perder el conocimiento vi como alguien me estaba registrando el bolsillo.
  • ¿Te robaron el móvil?
  • Sí, así es ¿por?
  • Es que antes, cuando estabas dormido me ha parecido escuchar un pitido que salía de tu chaqueta y supuse que era tu teléfono.

De manera instintiva, palpé con mi mano la chaqueta a la altura de mi corazón y efectivamente ahí estaba mi teléfono móvil, entonces… ¿qué quería la mujer de los ojos negros? ¿Por qué me estuvo registrando? ¿Qué buscaba?

Al sacar el teléfono del bolsillo, Almudena me advirtió que se me había caído al suelo algo, un trozo de cartulina…parecía un posavasos que nunca había visto hasta ese momento. Según recogí el posavasos pude ver la imagen de una serpiente en forma de círculo, la cabeza de la serpiente tocaba la cola y, según el dibujo, parecía que la serpiente se estaba empezando a comer a sí misma.

  • ¿Esto es tuyo Almudena?
  • ¿No es tuyo?-respondió.
  • No, no es mío.
  • Pero estaba en tu bolsillo ¿no?
  • Así es…no lo entiendo.

De repente me di cuenta, aquellos ojos negros no me estaban quitando nada, sino que me estaban entregando aquel trozo de cartón ¿por qué? ¿Tenía que ver con la desaparición de Mario?

Di la vuelta a la cartulina y la imagen que vi ante mis ojos, me nubló la vista y la razón, rápidamente lo oculté de la vista de Almudena.

Cogí un taxi cuando Almudena se fue a la comisaría a intentar denunciar la desaparición de Mario y después de ir a llevar el informe médico al trabajo -menuda entrada triunfal pensé-, llamé a Flavio camino a casa.

  • Flavio, llama a los gemelos, en media hora en mi casa,  tenemos problemas.

Flavio, sin saber nada de lo que estaba ocurriendo, asintió y colgó, supongo que algo intuía.

Ya reunidos los cuatro en mi casa, les enseñé el posavasos de cartón con el dibujo de la serpiente.

  • Eso lo conozco yo, comentó Axel, eso es una paradoja –comentó.
  • ¿Cómo? –pregunté.
  • Sí, sí una paradoja, una situación que va en contra de la lógica humana ¿ves?

Sacó su smartphone del bolsillo y efectivamente me enseñó el mismo dibujo que el del posavasos al lado de un enunciado  llamado la paradoja de la serpiente.

Si una serpiente empieza a comerse su cola y acaba comiéndose absolutamente todo su cuerpo, ¿Dónde estaría la serpiente, si está dentro de su estómago, que a su vez está dentro de ella?

  • ¿Qué más sabes de esto Axel? – Pregunté.
  • No mucho- comentó-  aquí pone que esta paradoja expresa lo infinito y el retorno de las cosas.
  • ¿Retorno de las cosas? ¿Cómo una venganza?
  • Pues eso parece, sí- contestó Axel.
  • ¿Alguna pista del signo de la serpiente?- sugirió Flavio.
  • Según esto, en ocasiones este signo hace referencia a la mitología nórdica y a una serpiente mitológica…
  • Que se llama Jörmundgander- le interrumpió Alex….
  • ¿Jägermeister? ¿Eso no es la botella que nos bebimos anoche en el garito? –pregunté.
  • No no, he dicho Jörmundgander- continuó Alex, – es una serpiente hija de Loki y que Odín lanzó al océano más profundo de la Tierra para evitar todo el mal que su destino le haría hacer. La serpiente creció tanto que abarcó toda la Tierra llegando con sus fauces a poder morderse la cola…. No me mires así, sabes que soy un fan de los comics de Thor.
  • Efectivamente hermano es lo que aparece aquí, la gran serpiente.
  • No lo entiendo – dijo Alex – ¿Qué tiene que ver esto con Mario?
  • Es cierto, ¿cómo sabes que Mario no se ha escapado de su rutina y de su divorcio? – preguntó Flavio.

Sin decir una sola palabra, di la vuelta al posavasos y nos quedamos los cuatro en silencio, viendo la fotografía pegada al posavasos, hecha con una polaroid y en la que aparecía Mario totalmente amordazado y ensangrentado.

  • Joder!, tenemos que avisar a la Policía, comentó Flavio.
  • Quizás tengas razón Flavio- comenté- pero viendo la situación en la que está Mario en la fotografía quizás el ruido que pueda hacer la policía le pueda perjudicar.
  • Estoy de acuerdo -dijo Alex-, vayamos a preguntar al bar de anoche por si saben algo del posavasos.
  • No, no… vayamos mejor a la Policía, este tema es bastante turbio y no podemos jugar con la vida de Mario – sugirió Axel.
  • No hermano, no sabemos a ciencia cierta que esta foto esté hecha después de la desaparición de Mario ¿no?

Asentí, al fin y al cabo esos ojos negros me metieron el posavasos en el bolsillo justo después de la pelea, antes de desmayarme.

  • Tenemos cuarenta y ocho horas antes de que Almudena pueda poner la denuncia- Alex prosiguió – sugiero que investiguemos por nuestra cuenta y si no le encontramos, entonces se lo contamos todo a la Policía y que sigan ellos. Al fin y al cabo sólo tenemos una conjetura.
  • Tenemos una foto de él ensangrentado joder ¿no os dais cuenta?
  • Sí Flavio- comenté- pero la foto me la dieron justo después de la pelea, no parece que tenga sentido que en ese momento diera tiempo a secuestrar a Mario, darle la paliza, hacerle una foto y meter la fotografía en mi bolsillo ¿no?…
  • ….cuarenta y ocho horas- dijo Flavio- después iré yo mismo a la comisaría a contar todo este sinsentido.

Volvimos al Abilene y, aunque estaba cerrado, encontramos algunos camareros y gente del staff a quienes les pudimos preguntar por la chica de ojos negros y por el símbolo de la serpiente. No tuvimos mucha suerte en el intento, pero al volver a casa y, mientras Axel estaba inspeccionando el posavasos hizo algo que, hasta ese momento, no se nos había ocurrido, separó la fotografía del posavasos.

A los cuatro se nos quedó cara de idiotas al ver que la fotografía ocultaba una dirección y la cara se nos quedó más de idiotas cuando el nombre de la calle era Calle Sierpe, Madrid.

  • Serpiente…Sierpe………joder, hemos visto demasiadas veces la película del Código da Vinci. y no nos ha valido de nada- comentó enfurruñado Alex.

Cambiamos de rumbo y, cuando el tráfico de Madrid nos lo permitió, llegamos bajando por la Calle de Toledo. Dejamos el coche en el aparcamiento del Mercado de la Cebada y nos dirigimos andando a apenas cuatrocientos metros hasta la calle Sierpe.

Estábamos en pleno centro histórico de Madrid, entre la Puerta de Toledo, el Rastro y la Puerta de los Carros, sin embargo, en esa zona concreta de la ciudad, la vida parecía más a la plaza de un pueblo, mucha gente por las calles, turistas mezclados con las personas que han vivido en el barrio toda la vida, se respiraba vida en aquel barrio reflotado de Madrid… y esperaba que Mario también siguiera respirando esa vida.

 La calle Sierpe era corta y estrecha, flanqueada por edificios de tres alturas reformados, alguno de los cuales estaba siendo reformado en esos momentos. Las aceras estrechas nos forzaron a los cuatro a ocupar prácticamente la totalidad de la carretera mirando hacia los lados de la entrada de la calle y viendo en su mayoría portales o locales abandonados.

  • ¿Y ahora qué? – preguntó Flavio, – ¿Dónde vamos?

La verdad es que en la dirección del posavasos sólo venía el nombre de la calle pero no venía ningún número. Decidimos recorrer la corta calle varias veces, pero no vimos en ningún lado local o símbolo semejante al del portavasos.

No sabíamos qué hacer, hasta que Axel señaló.

  • Chicos, este local, el del número cinco, es una antigua Carbonería. Aquí vendían carbón.
  • ¿Y? -espetó Flavio.
  • Puede que se me esté yendo la cabeza, pero el dibujo del posavasos era una paradoja ¿no?
  • Eso es –afirmé-
  • ¿Dónde quieres llegar hermano? – comentó Alex.
  • Bueno, pues que resulta paradójico que en la calle Sierpe es decir de la serpiente vendan carbón.
  • No te seguimos- se comenzó a impacientar Flavio.
  • ¿No lo veis? Joder deberíais ver más documentales de naturaleza, uno de los mejores antídotos para el veneno de la serpiente es el carbón activo…carbón al fin y al cabo. En la propia calle de la Serpiente, hay un sitio donde venden el remedio contra su veneno ¿no resulta paradójico?…además si veis la cerradura de la puerta es mucho más nueva que la puerta que la flanquea.

Observamos el último detalle aportado por Axel y vimos que, efectivamente, así era, un cerrojo azul marino bastante nuevo, cerraba una cadena que dejaba entreabierta las puertas verdes del viejo local.

  • Joder, también resulta curioso que sea el local número cinco, cuando precisamente nosotros estamos buscando al quinto miembro de nuestro grupo de amigos, señaló Alex.

Nos acercamos a la puerta y grité dentro.

  • ¿Hola? ¿Hay alguien? Queremos saber dónde está Mario, tengo el posavasos!!
  • ¿Qué haces?-  me regañó Flavio en voz baja -¿estás loco? Si la foto de Mario es verdadera, esos tíos son peligrosos…y tu pregonando nuestra presencia.

Avergonzado, me retiré hacia atrás, dando con ese gesto toda la razón a Flavio.

  • Hay que encontrar alguna manera de entrar- comentó Alex.
  • Chicos creo que hemos llegado ya bastante lejos, mejor llamar a la Policía – sugirió Flavio.
  • ¿Y qué les comentamos Flavio? Preguntó Alex, ¿la historia de la serpiente y del carbón? No me jodas anda. Prometiste cuarenta y ocho horas y no llevamos ni hora y media. Además, creo que la cadena proporciona suficiente holgura para que pueda entrar dentro. Dejadme entrar y veré si puedo encontrar la llave.
  • Alex, si tú entras, yo entro- comentó Axel.
  • Ok, pues vamos allá-respondió el gemelo.

03 mayo 2019. YA HAS ELEGIDO en Instagram @paradoxus_roi y TU DECISIÓN ES…

A) Hagamos caso a Alex, investiguemos. Al fin y al cabo no estamos seguros que en este sitio esté Mario.

Flavio y yo, empujamos las puertas para dar algo más de holgura mientras que, los gemelos, se escabullían por dentro con la linterna de sus smartphones, alumbrándoles el camino. Mientras, algunos transeúntes nos miraban extrañados cuando estábamos en la puerta de la vieja carbonería. Fue entonces cuando uno de los hermanos nos lanzó la llave por el hueco de la puerta.

Abrimos el cerrojo, quitamos la cadena y entramos en el antiguo local, con los cuatro smartphones alumbrando. Vimos el aspecto lúgubre y algo tétrico del sitio, Todavía se podía ver alguna pila de carbón cubierto de telarañas y polvo, pero no había ni rastro de Mario ni de sus captores.

Fuimos moviendo las luces con bastante precisión por cada esquina de la sala, por el techo y por el suelo, buscando indicios de nuestro amigo.

  • Chicos, allí detrás hay una habitación- , señaló Flavio con su linterna
  • ¿Dónde?, no veo nada- pregunté.
  • Allí, mira, detrás de esa viga.

Seguí la luz de su linterna y vi una puerta que mediría apenas un metro o un metro y veinte centímetros. Nos asomamos y la oscuridad en esa habitación era completa, palpamos las paredes y alcanzamos un interruptor de luz, el cuál no funcionaba…estaba claro que el local estaba dejado de la mano de Dios.

Nos agachamos y nos deslizamos uno tras otro a la habitación y justo al entrar el último de nosotros en la misma, el sonido del click del resorte que habíamos accionado con nuestro peso, nos erizó a todos los pelos, a la vez que la puerta de la habitación se cerraba súbitamente  y la trampilla del suelo se abría, dejándonos caer, al más absoluto vacío.

El próximo lunes 6 de mayo continúa leyendo las aventuras de nuestros protagonista con el Capítulo 3

La Paradoja del Ahorcado

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Y recuerda que…cada decisión tiene su consecuencia

Capítulo 1. Paradoja de Abilene

CINCO SEMANAS ANTES DE OLBERS

Observar Madrid desde una planta cincuenta, es una ventaja que me ofrece mi nuevo trabajo. Desde aquí arriba, ves todo con una perspectiva distinta. El caos del tráfico se convierte en orden generado por decenas de semáforos, que indican a millares de personas, cuándo y por dónde continuar con sus vidas.

La tranquilidad que se observa afuera, contrasta con el movimiento de personas y conversaciones que existe en la oficina. Parece que el tiempo se mueva a distinta velocidad dentro del edificio, comparado con el resto del mundo.

Mi nuevo trabajo consiste en asesorar a empresas con problemas de solvencia a poder estructurar su deuda, para que puedan repagar a sus acreedores en función de los resultados que prevén conseguir en el futuro… a priori no parece nada del otro mundo, pero al menos me permite hacer borrón y cuenta nueva.

Es casi medianoche, termino el informe sobre la caída en picado del precio del metal debido a la crisis china del 2015 para poder explicar cómo mi nuevo cliente “consiguió” que sus beneficios cayeran un ochenta y siete por ciento en apenas seis meses. Apago el ordenador y me dispongo a salir por la puerta.

Llego tarde…he quedado con el resto del grupo para conocer el nuevo local de moda, el Abilene, que está en el nuevo barrio de moda del norte de Madrid.

Siendo sincero, no me apetece nada salir a estas horas, estoy destrozado, pero los chicos y yo hemos decidido sacar a Mario para que se divierta y se olvide de su reciente separación con Almudena.

Tras quince minutos de esperar ascensores y pasar controles de seguridad, salgo a la noche de Madrid que me demuestra una vez más, que la paz que se respiraba en las ventanas de la planta cincuenta era sólo una entelequia…uff! parece mentira lo difícil que resulta coger un taxi a estas horas.

Tras casi asaltar uno de esos taxis que parecen más un Airbus que un sedane (con sus tres navegadores, comunicador con la central, terminal de pago, dos smartphones, manos libres y estampita de San Cristóbal) me dirijo a recoger a Flavio para ir juntos hacia Abilene.

Recojo a Flavio en la puerta de su nueva casa, y a juzgar por las dimensiones de la misma y que está situada en plena zona de El Viso, está claro que las últimas andanzas laborales de mi amigo están dando sus frutos. De siempre, Flavio ha sido muy espabilado con la informática y las nuevas tendencias, pero hay que reconocer que su olfato en explotar las posibilidades del Big Data ha sido muy lucrativo, sobre todo para su bolsillo.

Con padres italianos, Flavio Bassani llegó a España debido a que su padre fue destinado a trabajar a Madrid para dirigir una empresa logística que había sido comprada por una empresa italiana.

Al no tener demasiados amigos, Flavio se dedicó plenamente a su pasión, la informática y la programación y consiguió convertirse,  en toda una eminencia del nuevo mundo y de todas las oportunidades que hace apenas diez años abría Internet ante nuestros ojos. Después de eso, Flavio ha sabido reinventarse tantas veces como se ha reinventado Internet y la demanda de los consumidores en estos años. Ha pasado de inventar apps para móviles a potenciar start-ups y de ahí, ahora ha pasado a utilizar la información que ofrece el Big Data para poder predecir comportamientos futuros.

Flavio se dedica a trabajar con grandes cantidades de datos que le proporcionan las empresas con las que ha estado trabajando (tiendas de ropa, supermercados, bancos, etc…) y utiliza algoritmos creados por él mismo para  encontrar patrones repetitivos dentro de esos datos y por tanto predecir comportamientos futuros en las demandas del consumidor. ¿Os imagináis que una empresa textil pudiera saber con antelación si una nueva tienda que vaya a abrir tendrá éxito, o no, teniendo en cuenta el comportamiento de consumo que se da en esa zona?, o, ¿que un supermercado sepa hasta donde puede subir los precios sin que ello afecte a la demanda del consumidor? Pues eso es exactamente lo que hace Flavio…y se ha forrado gracias a ello.

Flavio se sube en el taxi con su look de genio despistado, me mira a través de sus gafas graduadas, sonríe y me da un fuerte abrazo.

  • Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, esto no puede repetirse.
  • Tienes toda la razón Flavio, te veo muy bien ¿cómo te trata la vida?
  • No me puedo quejar…la verdad es que no me dejan tiempo ni para quejarme. Llevo tres meses sin descansar, hoy el cuerpo me pedía quedarme en casa, no me apetecía mucho salir de copas pero con tal de veros he hecho un esfuerzo, sobre todo para poder ver al pobre Mario…

En los trece minutos que duró el viaje en nuestro taxi-Airbus aprovechamos para ponernos al día, contándonos nuestras últimas andanzas y explicando a Flavio mi nuevo trabajo.

Al llegar a la puerta del Abilene, vimos a Mario que ya se había reunido con los gemelos Alejandro y Axel (Alex y Axel para los amigos).

Mientras Flavio se bajaba del taxi, yo intentaba por cuarta vez intentar pagar con tarjeta en el taxi. Resultaba curioso que esa nueva zona de Madrid, la cobertura fuera débil y todos los artilugios de mi comandante-taxista no sirvieran de mucho en esa situación.

Tras pagar en efectivo, saludé a los gemelos mientras escuchaba a Mario,

  • Chicos, gracias por vuestro apoyo en este momento tan duro, si os soy sincero no me apetecía mucho salir hoy, pero os veía tan ilusionados con juntarnos los cinco nuevamente que, en fin, no pude oponerme.

Nos miramos Flavio y yo con una mueca similar en la cara, por lo irónico de la situación. Por las caras que pusieron los gemelos, intuí, que a ellos tampoco les apetecía mucho el plan propuesto.

  • Bueno Mario, lo importante es que estamos aquí los cinco – apuntó Flavio, tenemos mucho de qué hablar…
  • Así conseguirás pasar página cuanto antes – comentó Axel.
  • Gracias chicos, sigo sin poder créemelo, Almudena…por la espalda… sin esperármelo…
  • ¿Tienes algún indicio del susodicho?, pregunté.
  • No, no sé quién es y no sé si quiero saberlo.
  • Bueno chicos, ya habrá tiempo para hablar de eso, entremos y tomemos algo – propuso Alex.

Entramos al local, y mientras nos dirigíamos al reservado que habíamos conseguido utilizando el nombre de Flavio, pude observar con detenimiento el ambiente de aquel lugar.

La decoración primaba por ser minimalista, y los pocos detalles que había, parecían de origen romano o etrusco, las paredes tapizadas de terciopelo y una luz predominante color burdeos, le daba un ambiente al local difícil de definir. Lo indefinido del ambiente se extendía a la heterogeneidad de la clientela, parecía que una porción de cada barrio de Madrid se había juntado en ese local.

Gente con corbata, hipsters, algún grunge fumando “cigarros artesanos”,  niños bien, gastándose a manos llenas las pagas de sus padres, incluso me pareció ver algún collar de púas en el cuello de una chica mientras besaba la cabeza calva y tatuada de su acompañante.

En fin, parecía que toda la amalgama de culturas urbanas se había reunido en ese local escuchando hipnotizados las mezclas del DJ junto con los juegos de luces del local…visto desde fuera, parecía un puñado de almas desperdigadas en el purgatorio esperando sin prisa a su juicio.

Llegamos a nuestro reservado e ipso facto, los gemelos comenzaron a sacar fruto de sus horas de gimnasio acercándose a varios grupos de chicas universitarias. Mientras, Flavio y yo intentamos dar ánimos a Mario y hacer que se desahogara con nosotros contándonos los detalles del engaño de su mujer.

Había pasado un buen rato y alguna que otra botella por nuestra mesa, mientras Mario nos contaba paso a paso el proceso de su divorcio. Fue cuando noté una mirada clavada en mí. Me puse a otear el local para verificar la sensación vivida hace unos instantes y entonces la vi.

Realmente solo vi sus ojos, iluminados por la luz del local parecían del color de la sangre, pero me di cuenta que su color real era el negro, tan negro que no se podía diferenciar la pupila del iris. Esos ojos se entornaron divertidos al ver que me había percatado de su presencia y fue cuando se desviaron de mis ojos para señalarme lo que estaba ocurriendo al otro lado del local…

El hombre con la cabeza tatuada le estaba partiendo la cabeza a Axel con una botella, mientras su grupo de cabezas rapadas estaba pateando el estómago de Alex…

26 abril 2019. YA HAS ELEGIDO en @paradoxus_roi y TU DECISIÓN ES…

B) Acudo a ayudar a mis amigos, lanzándome contra sus agresores, intentando pillarlos desprevenidos

El miércoles 24/04 comienzan las votaciones en Instagram @paradoxus_roi

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Rápidamente, dejamos a Mario en el reservado mientras Flavio y yo nos lanzamos a ayudar a nuestros amigos. Lamentablemente, nuestra única ayuda fue que a más personas a recibir golpes, tocábamos menos cada uno.

El local rápidamente quedó vació y solamente quedamos en el centro de la pista, el grupo de cabezas rapadas y nosotros. Según parecía, alguna de las novias de nuestros “nuevos amigos” le había puesto interés a Axel y eso fue el principio de nuestro infierno en aquel purgatorio.

Los veinte minutos que tardó en venir la Policía, avisados por algún vecino molesto por el ruido que se había formado fuera del local, fue un intento de supervivencia por parte de los cuatro.

De la mejor manera posible, intentamos sobrellevar la tremenda paliza que nos llevamos. Intentamos en varias ocasiones salir del local pero nos era imposible escapar de esa jaula de patadas y puños americanos.

Finalmente, al llegar la Policía me dejé caer en mi sitio perdiendo el conocimiento, no sin antes de percatarme que aquellos ojos negros como la noche se acercaban a mí y a mi bolsillo para quitarme mi teléfono móvil…

El próximo lunes 29 de abril continúa leyendo las aventuras de nuestros amigos con el Capitulo 2

La Paradoja de la Serpiente

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Capítulo 0. Paradoja de Olbers

Negro absoluto… ¿por qué si dicen que el universo es infinito y tiene infinitas estrellas, el color del cielo es negro por la noche? De ser cierta la afirmación, debería haber infinitos puntos brillantes en el cielo. Tantos, que no habría espacio para el color negro…pero no es así, el negro y la oscuridad dominan el cielo, incluso tan lejos como estoy de la gran ciudad y su contaminación lumínica.

Voy a 185 km/h, por una carretera comarcal del sureste de Madrid en plena noche y tengo que acordarme precisamente ahora de Heinrich Olbers y sus enigmas astronómicos previos al descubrimiento de las galaxias. Debo seguir concentrado en la carretera, y no dejar que mi cabeza se eleve a los confines del espacio. Será que no quiero recordar, que en esta carretera de doble sentido, que la noche ha engullido sin reparo, las únicas luces que me acompañan son las de los tres Land Rover que continúan persiguiéndome y, los disparos que oigo a mi alrededor, confirman la intuición acerca de sus intenciones hacia mí.

No tengo muchas alternativas, me están alcanzando y no sé dónde ir ni qué hacer, no veo sitio alguno por donde escapar y volver a mi vida normal, a mi añorada rutina …

19 abril 2019. YA HAS ELEGIDO en @paradoxus_roi Y TU DECISIÓN ES….

A) Sigo acelerando, esperando encontrar un refugio donde esconderme y dar esquinazo a los Land Rovers

…sólo tengo una baza y tengo que arriesgarme…todo o nada…piso al máximo el acelerador del coche que he robado hace apenas unas horas… van pasando los kilómetros conduciendo completamente a ciegas por aquella carretera, mientras observo por mi espejo retrovisor, como poco a poco me están dando alcance. No encuentro sitio alguno donde esconderme.

A lo lejos veo un cruce, ¿quizás si apagase las luces y giro en el cruce les podría dar esquinazo?…pero es demasiado tarde, el golpe que el morro del primer Land Rover da en mi parachoques trasero, hace que deje de lado mis pensamientos y la adrenalina comience a activar todos mis sentidos. Otro golpe más, mi coche se comienza a zarandear hacia los lados y tengo problemas para controlarlo.

Llego al cruce y pego un volantazo a la derecha para coger el camino, pero en aquel momento llega el tercer golpe, el definitivo…

El coche sale despedido por un terraplén…durante los instantes en que el coche está en el aire vuelvo a pensar en el cielo negro…ese negro absoluto se cuela en mi cabeza antes de perder el sentido y que mi coche se estrelle contra el suelo…

Negro absoluto…es lo que hay en mi cabeza en estos momentos, no veo nada no oigo nada, solo siento unas manos que cogen mis brazos y me arrastran por el suelo…

El 22 de abril comenzamos con el Capítulo 1 de Paradoxus

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